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La Balsa de los Sapos - Español

  • Jun 16, 2018
  • 3 min read

Traducido por Otger Perich


El siguiente capítulo de nuestras aventuras comenzó hace unos días. Llegamos a nuestro alojamiento que nos habían recomendado cansados del viaje y los dos nos íbamos directos a la cama. Pero primero, ‘voy un momento a recepción a hacer el check in’ mientras Phil buscaba cambio para el taxi. Pronto descubrí que era más fácil decirlo que hacerlo. Me indicaron un trecho de escaleras y luego otro, hasta que encontré un bar en un tejado en el quinto piso. La camiseta del recepcionista anunciaba orgullosa “La vida es mejor en lo alto! Este hostal se encuentra a 2800 metros”. Debería de haberme sentido mejor con la impresionante vista del valle pero la falta de aire y todos esos escalones me marearon, y aún más viendo al camarero servir tres chupitos de tequila. ¡No pasó mucho más esa noche!


A la mañana siguiente nos dirigimos directamente a “La Balsa de los Sapos”, un proyecto de cría en cautividad impresionante, para conocer a nuestros asociados de la zona. Había entrevistado a nuestro asociado Andrés Merino en la universidad para mi proyecto de master y fue genial conocerle en persona. También conocí a Freddy Almeida, administrador de La Balsa que se va a unir a nuestra expedición. Luego Phil me presentó al equipo del museo de herpetología (QCAZ) que hay justo al lado, donde trabajan mucho en taxonomía y tienen una web muy avanzada y una base de datos de las ranas y los reptiles de Ecuador.

​Entonces Phil me estuvo enseñando la colección durante casi toda la mañana. El objetivo del programa es crear poblaciones de especies amenazadas en la naturaleza que aseguren su supervivencia. De esta forma los individuos pueden ser reintroducidos una vez su hábitat se vuelve viable otra vez, o cuando encuentran la fórmula para curar poblaciones salvajes afectados por el hongo quítrido. Y de ahí el nombre: El bote salvavidas de los anfibios. Cuando llegamos, un equipo de grabación de Inglaterra estaba filmando una pequeña historia sobre una especie llamada la rana cohete de Quito. Esta especie llegó a estar muy extendida pero ahora solo se encuentra en un arroyo al pié del volcán Cotopaxi. Es muy probable que el retroceso se deba al hongo quítrido y la especie se considera en grave peligro de extinción.


Cuando en 2016 se anunció que el volcán podía entrar en erupción se temió que la erupción pudiera fundir la cima helada del volcán que creara avalanchas de barro que cubrieran el último arroyo donde habita la especie, borrándola de la existencia. Por suerte hay un programa de cría en cautividad en La Balsa para la especie, sobretodo porque ya que hace más de un año que no han sido vistas en el arroyo. Pero La Balsa es un proyecto realmente grande que abarca más allá de las poblaciones de supervivencia. Las 72 especies que habitan La Balsa se encuentran en un gran espacio en una universidad, la Pontificia Universidad Católica de Ecuador (PUCE). El proyecto lleva a cabo una cantidad increíble de investigación y enseñanza, y es un destino muy popular para trabajos estudiantiles y plazas de voluntariado. Supongo que los Ecuatorianos tienen un mayor y natural sentimiento de aprecio hacia la diversidad y la belleza de sus ranas, mucho mayor del que tenemos en casa.


Después de la mañana en la universidad fuimos a explorar los espacios verdes de la ciudad. Comenzamos en un gran parque lleno de familias que disfrutaban del domingo haciendo ejercicio. Después fuimos al Vivario de Quito, una exposición de reptiles y anfibios. Llegamos justo a tiempo para una sesión informativa y nos metieron en una pequeña habitación llena de padres y niños, y un presentador brillante nos ilustró sobre las diferentes especies de serpientes y cómo tratar una mordedura de serpiente (todo en Español). Después de explorar el resto de la colección, nos dirigimos al jardín botánico con asombrosos arreglos de orquídeas, cactus, plantas carnívoras y, como no quiere la cosa, un jardín de bonsáis japoneses. Felices de nuestros descubrimientos urbanos, empezamos a sentirnos preparados para el viaje, pero entonces…

​El día siguiente llegó tan rápido como se fue el anterior, y empieza a estar claro que entre las muchas habilidades de Phil no se encuentra la planificación. Así que tomé las riendas y creé una lista de equipo de última hora y víveres para ir al supermercado y a una tienda de acampadas. También tuvimos que concretar detalles de nuestras áreas de observación y especies, que tenían que cambiarse después del cambio de especies. Una vez todo estuvo arreglado, nos dirigimos a nuestra aventura. ¡Más sobre ello en nuestro próximo post!


 
 
 

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