Diversión en el campo de trabajo - Español
- Jul 5, 2018
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Traducido por Otger Perich
Cuando nos levantamos en Zamora lloviznaba, nos sentimos esperanzados de que la lluvia trajera más ranas para nuestras muestras. Antes de que yo continúe, Phil nos va a describir brevemente el trabajo que intentamos llevar a cabo y porqué:
El hábitat y las condiciones ambientales juegan un papel enorme en el impacto del hongo quítrido en las poblaciones anfibias. Las especies que viven en hábitats fríos en altitud como el Jambato de Podocarpus, se ven afectadas por la enfermedad de forma desproporcionada. El rápido declive de las poblaciones anfibias de Ecuador a causa del hongo quítrido empezó en los ’80. Desde entonces, muchas especies se han extinguido o han resistido en poblaciones muy pequeñas que no han logrado repoblar hábitos, aparentemente prístinos, donde antes había ocurrido. Estamos interesados en descubrir cómo esta especie en peligro de extinción ha sobrevivido en esta área mientras ha continuado ausente del resto de su perímetro histórico. Otro factor importante de la resistencia a la enfermedad por parte de los anfibios es la comunidad microbiana que habita su piel. Se ha demostrado que ciertas especias de bacteria inhiben el patógeno anfibio Bd y confieren resistencia al portador. Estamos particularmente interesados en ver si hay diferencias en la estructura de la comunidad microbiana entre especies resistentes y especies susceptibles a la enfermedad. Para lograrlo queremos tomar muestras de anfibios desde Zamora (1000 msnm), donde la cuenca del Amazonas se encuentra con las montañas de los Andes, hasta el Páramo de Yacuri (3500 msnm) que proporciona el último refugio del Jambato de Podocarpus, en peligro de extinción. Este gradiente de altitud nos va a dar un rango de temperaturas, especies anfibias y tipos de hábitat para comparar la prevalencia de la enfermedad en climas diferentes.

Con estos objetivos en mente, salimos hacia el campo de trabajo. Empezamos conduciendo hacia abajo dirección al Parque Nacional Podocarpus y entramos a pié. Pese a que había llovido un poco, el sito estaba bastante seco y los senderos demasiado modificados por anfibios así que nos fuimos a casa con solo algunas capturas. Volvimos por la noche y buscamos alrededor de riachuelos que habíamos localizado durante el día. Los guardias nos habían avisado hasta tres veces que había muchas serpientes en esta época, así que vigilábamos atentamente antes de cada paso. A pesar de ello, volviendo por el mismo camino, Freddy señaló entusiasta una víbora amarilla y negra increíble pero también extremadamente peligrosa. La víbora estaba exactamente donde Phil había pisado cuando subíamos! A pesar de que aparentemente era un hábitat adecuado, no tuvimos tanta suerte en cuanto a ranas. Esto se convirtió en un tema recurrente durante el trabajo de campo, acompañado de una maldición de mal tiempo. Estuvimos dos días y dos noches buscando anfibios cerca de Zamora, y solo encontramos uno de los sapos de vara más comunes y extendidos. Tuvimos un poco más de suerte con dos especies de hylids, Dendropshophus sp. And Boana fasciatus, y recogimos el número de muestras que necesitábamos (para las muestras de hongo quítrido). Estos hylidae eran bonitas ranitas de color amarillo y crema, la Dendropsophus con topos oscuros. Dejamos Zamora esperando mejor tiempo y más ranas ya que empezamos a preocuparnos.



Al día siguiente nos preparamos para el trabajo de campo y conducimos por la carretera de donde vinimos parando en una estación de investigación llamada San Francisco. Aparcamos el coche y seguimos un sendero hacia el riachuelo donde se encontró un espécimen de Atelopus nepiozomus por última vez en 2010. Decidimos darle una oportunidad y buscamos otros anfibios mientras avanzábamos río arriba hasta que llegamos a una catarata que Phil decidió escalar sin éxito. De nuevo, nos sirvió para encontrar un solo individuo; una Pristimantis. Luego seguimos hasta Loja, una ciudad más grande al oeste de Zamora. Después de comer un trozo de pizza dulce en la plaza colonial de la ciudad y registrarnos en un hostal, se nos encontramos con más herpetólogos del lugar, Diego, Paul y Diana. Nos dirigimos todos juntos al río en San Francisco para probar de nuevo, pero tuvimos muy poca suerte y solo encontramos otro par de Pristimantis. Subir a todas las rocas del río nos dejó algunos con las botas llenas de agua y uno de nosotros se cayó entero al río. Decepcionados por otra noche mala, nos dirigimos a un lugar distinto cerca de allí siguiendo las recomendaciones de Diego, Paul y Diana, que habían vuelto a casa. Con muy pocas instrucciones llegamos a un sendero que podría no haber sido el correcto. Andamos deprisa por el sendero hasta que decidimos que nos habíamos alejado suficientemente y que buscaríamos al volver. Andando despacio, enseguida pude ver que el sendero consistía en una especie de mezcla de un corrimiento y vegetación marchita alojada encima de unas raíces que colgaban de unos riscos boscosos. De repente advertí que Phil y Freddy ya no estaban detrás de mí y esperé un rato. Los dos vinieron tranquilamente hasta que Phil soltó que Freddy había resbalado y Phil tuvo que auparlo de vuelta al camino. Me quedé estupefacta de que ninguno de los dos dejara escapar un sonido durante este espectáculo. Más cautelosos con el camino que se abría adelante, nos pasamos unas cuantas horas buscando más, solo encontramos una Pristimantis adicional. El área estuvo ventosa un tiempo, y incluso con un poco de lluvia la vegetación se secó deprisa y las ranas retrocedieron hacia la hojarasca. Tomamos una muestra de la única rana y volvimos al hotel después de las tres de la mañana. Al día siguiente, nos encontramos nuevamente con Paul que amablemente nos llevó a una reserva privada llamada el Madrigal del Podocarpus. La pareja que se encarga de la reserva y un joven estudiante nos acogieron con entusiasmo y nos dieron café y humitas, una exquisitez local hecha con corteza de mazorca. Conversamos sobre la vida salvaje de la reserva, y el trabajo de los lugareños para la conservación de la zona. Al rato nos despidieron con el joven estudiante, Marek, como guía. Pasamos horas subiendo un sendero boscoso que se volvía más empinado y denso hacia el final. El sendero nos dejó a la entrada del páramo, el ecosistema de la tundra Andina. Estaba lloviznando y el viento era más fuerte de lo que había imaginado, intentando sacarnos de los estrechos senderos de la cresta de la montaña. El suelo estaba cubierto de bromelias espinosas, el manjar preferido de el oso Andino que visita regularmente el área. Finalmente llegamos a unos cuantos lagos que estaban un poco más resguardados. Encontramos renacuajos de Gastrotheca en los lagos y tomamos muestras de los que pudimos cazar en busca del hongo quítrido. En el camino de vuelta, seguimos un sendero más protegido pero algunos de nosotros no estábamos preparados para los fuertes vientos y los 7 grados de temperatura máxima, y era hacía bastante frío en este punto. La mayoría de las ranas habían desaparecido, esta vez escondiéndose del frío. Para mantener la tradición, encontramos un individuo de Pristimantis. Entonces volvimos al coche y pusimos la calefacción mientras nos dirigíamos desesperadamente hacía un nuevo lugar en busca de más ranas. Esta vez tuvimos suerte porque Phil y Paul, los supervivientes del equipo en aquel momento, encontraron cinco Gastrotheca adultos.


Justo cuando parecía que se volvían las tornas, entramos en crisis de nuevo. Freddy, nuestro valioso herpetólogo local, cayó enfermo. Volvimos al hotel deshinchados al saber que nuestro viaje a Yacuri al día siguiente tendría que posponerse. Paul se ofreció amablemente a pasar el día siguiente con nosotros, buscando ranas en un lugar del páramo cerca de un pueblo llamado Saraguro. Es un pueblo Quechua único donde las mujeres llevan sombreros estampados de piel de vaca y los hombres pantalones de 3/4. Después de visitar el pueblo un rato, salimos hacia el área y finalmente tuvimos más suerte. Encontramos tres Pristimantis machos y más renacuajos Gastrotheca para muestrear. Luego nos dirigimos a la zona del día anterior y encontramos cuatro Gastrotheca adultos más. Finalmente empezamos a ver el número de anfibios de diferentes especies que necesitábamos. Volvimos sintiéndonos bien, y de vuelta al hostal supusimos que Freddie podría conducir hacia Amaluza al día siguiente y allí empezaríamos nuestra excursión. Desafortunadamente, él no se encontraba suficientemente bien para unirse a la caminata. Al día siguiente nos levantamos con más noticias desastrosas ya que el guía llamó y dijo que el fuerte viento en Yacuri impedía la excursión. Ya habíamos perdido un día y todo el proyecto se tambaleaba. Subimos al coche en dirección a Amaluza, sin saber qué podíamos esperar cuando llegáramos allí. El resto del proyecto seguirá en un par de días.




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